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ORFEBRERÍA: PLATERÍA.
La totalidad e la platería conservada en la parroquial de Valencia de las
Torres, pertenece al foco artístico llerenense, un centro cultural de gran
prestigio, explicable por ser la capital del Provisorato de San Marcos de León y
sede del tribunal de la Inquisición. Además, su situación de encrucijada con las
provincias de Sevilla y Córdoba favorecieron su actividad mercantil al
convertirla en el punto de enlace entre estas regiones y Toledo. Por tanto, no
es extraño que en este ambiente tan propicio floreciera el arte de la platería,
que encontraba, sin duda alguna, por esta vía comercial la salida de su
producción artística.
La platería es el arte que mayor dimensión tuvo, habiéndose conservado en la
actualidad, un importante número de piezas que avalan el alto grado que los
talleres de Llerena alcanzaron a 10 largo del siglo XVI y primera mitad del
siglo XVII, algunos de los cuales estuvieron activos hasta el siglo XIX.
La historia de este centro platero arranca documentalmente de finales del siglo
XV; 1494, momento en el que se obtienen las primeras referencias de ciertos
encargos de piezas destinadas al uso litúrgico, aunque, el origen de la
actividad orfebre se remontaría a tiempos atrás.
En los años iniciales del siglo XVI afloran algunos nombres de los artífices
responsables de buena parte de la producción orfebre del siglo anterior.
Plateros como Diego de Córdoba, 1508, Pedro Gonzá1ez, 15111-15 y Francisco
Rodríguez, 1508, trabajaron en las primeras décadas, pero sus piezas han
desaparecido en la mayoría de los casos.
Se produce un silencio documental y artístico hasta mediados del siglo XVI. La
reactivación artística de la segunda mitad de siglo, es consecuencia de la
conclusión del programa arquitectónico que la Orden de Santiago llevó a cabo en
estas tierras durante los cincuenta primeros años de esta centuria. El auge
económico, comercial y demográfico, fueron otros de los factores determinantes
que explican el notable despegue que experimentó la platería llerenense, a
partir de este periodo. La nómina de plateros crece considerablemente bajo una
estética innovadora y renaciente "al rromano", abandonando los resabios góticos
y medievales que caracterizaron a las obras realizadas hasta la primera mitad el
siglo XVI. Estamos ante el estilo protorrenacentista, cultivado por artífices de
la talla de Juan Bravo, Juan López, Gonzalo Meneses, Julián Núñez, Pedro de
Torres, etc.
Durante el último cuarto de la centuria, la platería toma un nuevo giro,
abandonando los postulados platerescos, para sumergirse en las corrientes del
manierismo más depurado. Su máximo representante fue Cristóbal Gutiérrez, de
trayectoria artística muy amplia y rica, convirtiéndose en la figura más
representativa de la platería llerenense. Pese a su gran tarea y su legado, no
encontró entre los plateros continuadores del oficio. Uno de sus mejores
discípulos fue Alonso Pérez Noble, aunque no llegó a alcanzar el prestigio y la
calidad de su maestro.
La transición del siglo XVI al XVII viene determinada por dos maestros formados
en el bajo renacimiento: Juan de Aldana ,1591, y Alonso Pérez Noble, 1578-1624.
Los ejemplos más abundantes que definen este momento, son las cruces
procesionales, en las que se adopta un esquema formal muy uniforme. Se diseñan
con los brazos equidistantes rematados en expansiones oblongas, medalla crucera
circular o cuadrada y nudo en forma de templete con el cuerpo central cúbico o
cilíndrico. El ornato era fundamentalmente geométrico con tendencia a la
ampliación de los elementos decorativo-estructurales, que van perdiendo fuerza
para posteriormente ser remplazados por cabujones de esmalte.
En el primer tercio del siglo XVII, la platería llerenense se polariza en la
figura de Diego Ximénez aún cuando conste que hubo otros artífices prestigiosos,
como Luis de Herrera Vilallobos, pero con una obra no conservada.
La segunda mitad del siglo XVII en Llerena, debió ser una época pobre en el
desarrollo del arte de la platería, contribuyendo al grave deterioro económico
por el que atraviesa la región durante esta época. No obstante, se conoce de su
actividad, menos de los que en realidad aconteció, y esta falta de datos es
consecuencia, por un lado, de la pérdida de los Libros de Visitas de la Orden de
Santiago, y por otro, de la desaparición de los Libros de Cuentas de Fábrica.
Aún así se puede reseñar a los plateros Juan Perozo y Juan Bautista, trabajando
en la década central de este siglo, y a Diego Felipe Benítez, en el tránsito del
siglo XVII al XVIII.
Completa la escasa nómina de artífices de este segundo cuarto de siglo, el
platero Pedro Oliberos. Cierra la nómina Pedro Ferrary, artista de origen
italiano. Este es el último eslabón de la cadena de maestros plateros que
trabajaron en Llerena a 10 largo de los siglos. Un centro artístico de notable
importancia para la Historia del Arte español.
La totalidad de piezas conservadas en la parroquial de esta localidad pertenecen
al artífice Alonso Pérez Noble, que trabajo como uno de los afamados plateros
del foco llerenense durante el primer cuarto del siglo XVII. Estas obras están
datadas en el año 1619.
Alonso Pérez Noble "el Menor" o "el Joven". Fue hijo del también platero, Alonso
Pérez "el Mayor". Bautizado el 11 de julio de 1578. Discípulo de Cristóbal
Gutiérrez, en cuyo taller ingresa como aprendiz en 1578, a la edad de 20 años.
Esta avanzada edad de ingreso, nos hace pensar que se formaría con anterioridad
en el taller paterno.
A comienzos del siglo XVII, el Cabildo Llerenense le nombró contraste,
desarrollando esta actividad hasta el año 1622. - A pesar de que durante algún
tiempo fuese sustituido por Diego Ximénez -. Conocemos que ejecutó de forma
paralela los oficios de platero y de contraste oficial de Llerena.
Su producción es amplia, desde pequeños arreglos hasta grandes obras de
reconocida calidad, pero nunca sobre pasaría a su maestro Cristóbal Gutiérrez,
el más importante platero de la Baja Extremadura, durante el siglo XVI.
Como ya hemos mencionado, la totalidad ellas obras en plata de Valencia de las
Torres, se encuadran dentro de los inicios del siglo XVII. El panorama se
presenta turbio debido a las consecuencias de la guerra de Secesión de Portugal,
la caída brusca de la población, el empobrecimiento generalizado de España bajo
el gobierno de los Austria, etc. Los tímidos procesos de creación artística
están relacionados con la llegada de plata y dinero en metálico de nuestros
emigrantes a Indias, a través de la fundación de numerosas capellanías.
Los cálices de este siglo XVII registrarán pocos cambios, con respecto a los del
siglo anterior: el pie adquiere estructura circular con borde saliente, la peana
se torna convexa y la copa semiesférica, con tendencia hacia el perfil
cilíndrico. Se pretende obtener un alto grado de enriquecimiento a través de
motivos grabados: rectángulos, óvalos y cees. Sin faltar otros dibujos
geométricos en labor incisa, así como algún que otro cabujón esmaltado en tono
azulado.
CÁLIZ PARROQUIAL
Material: plata sobredorada.
Medidas: 25 cms. de alto y 14 cms. de diámetro de la base.
Artífice: A1onso Pérez Noble.
Talleres llerenenses. Cronología: 1619.
El pie es circular, amplio y muy planiforme, se compone de una peana de perfil
ligeramente convexo y un gollete cóncavo. Cuatro composiciones de óleo fundidas
se disponen ocupando el borde y la parte de la peana, en recuerdo de soportes.
El astil es largo y de tipo balaustral con molduras en el arranque, debajo del
nudo y en la parte alta del cuello. Esta superficie y el pedestal son de sección
cilíndrica, mientras que el nudo es un jarrón ovoideo coronado por tres
baquetones. En cuanto a la copa, también semioblonga, está recorrida por doble
baquetón, mucho más saliente el superior, delimitando la subcopa. La
ornamentación de la pieza se logra mediante dos técnicas, insistiendo, eso sí,
en un temática de abstracción geométrica: cubriendo las superficies con adornos
a buril, fundamentalmente cees y gallones, y aplicando costillas fundidas en el
nudo y en la subcopa, con carácter más estructural que decorativo.
Tipo lógicamente este ejemplar goza de ese sello diferente de las labradas en
Llerena. La solución formal tan plana del basamento, la costumbre de disponer
piezas adicionadas en la pestaña y el desarrollo que se le concede al nudo son,
además del uso de determinados elementos como las costillas, motivos más que
suficientes para asignarle esa procedencia, puesto que dichas soluciones fueron
empleadas con anterioridad por Cristóbal Gutiérrez y otros plateros de su
entorno.
En cuanto al léxico ornamental, se insiste en un temática exclusivamente
abstracta, continuadora de la línea impuesta en la custodia labrada por el mismo
artífice, aunque llevada a una mayor simplificación, al excluir del repertorio
los cabujones esmaltados.
Se trata de una pieza que resulta algo maciza y de formas pesadas pero no por
ello está exenta de personalidad y empaque. Cabría objetarle una excesiva
sencillez en la decoración incisa del basamento, que restan prestancia al
trabajo e imaginación al artífice.
Más abundantes resultan las cruces procesionales de este periodo, la mayoría
labradas durante la primera mitad de la centuria. Las características
principales de este tipo de obras se pueden resumir en los siguientes puntos:
Arbol en forma de cruz latina con brazos rectos y rígidos. Perfiles amortiguados mediante la utilización de tornapuntas y perillones.
Utilización de medallones circulares en el crucero. También aparecerán algunos cuadrados, típicos del siglo anterior.
El nudo puede presentar dos formas, una arquitectónica y otra basada en la suma de tres niveles diferentes: cúpula, tambor y cilindro.
La decoración se centra fundamentalmente, en los brazos, con motivos geométricos realizados a buril: rectángulos, óvalos, roleos, cees, etc.
CRUZ PROCESIONAL
Material: plata en su color.
Medidas: 72 cms. de alto y 41 cms. de brazo menor.
Artífice: Alonso Pérez Noble "el Menor".
Talleres llerenenses.
Cronología: 1619 aprox.
Se trata de una cruz latina con brazos acabados en formas oblongas con
perillones y tornapuntas. Los medallones del crucero (anverso) representan el
Calvario y la Inmaculada Concepción (reverso). Las superficies de los brazos se
decoran con rectángulos relevados y decorados con gallones pareados y cees a
través de labor incisa.
La profesora Esteras anotó en su obra El Arte de la Platería en Llerena... que
su autor Alonso Pérez Noble, gran maestro platero del siglo XVII, sigue las
líneas de Francisco Bravo en su cruz de Zalamea, que se convirtió en el
prototipo de cruz barroca para el Provisorato de Llerena, debido a sus bellos
aires barroquizantes, haciendo que los nudos pasen de ser cuadrangulares para
convertirse en circulares con decoración mucho más naturalista.
Podríamos anotar que su artífice se mantuvo apegado a los caracteres generales
del momento, sin desarrollar su imaginación y lograda técnica, habituales de un
aventajado discípulo de C. Gutiérrez. Inmediatamente se le relaciona con la
esencia artística y los caracteres de su compañero Francisco Bravo.
Hijo del también platero Alonso Pérez "el Mayor", nacido en Llerena en el año
1578. Se forma inicialmente con su padre y luego con 17 años de edad, accede
como aprendiz al taller de Cristóbal Gutiérrez. Desarrolló de forma paralela la
labor de contraste y la de platero, con unas piezas variadas y numerosas:
relicario para el Santísimo Sacramento de Fregenal de la Sierra iglesia de Santa
María ampolletas para Bodonal de la Sierra, cáliz y vinajeras para la Granada de
Llerena, cruz procesional de Bienvenida, etc. Aunque el mayor número de obras se
encuentra depositado en la iglesia parroquial de Valencia de las Torres: cruz
procesional, custodia, vinajeras y algunos cálices tres, dos de ellos
desaparecidos Tejada Vizuete anotó que para Llerena, concretamente para la
Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, realizó una demanda de plata con una
imagen por la que cobró diez ducados (oferta especial con el fin de acceder como
hermano a dicha cofradía, aunque no llegaría a ser inscrito en sus registros
como cofrade).
Igual de numerosas resultaron las custodias barrocas de este siglo XVII,
labradas, sobre todo, durante la primera mitad de siglo, aunque la producción no
decayó durante todo el periodo. Según pertenezcan a la primera o a la segunda
mitad, se pueden distinguir dos grandes grupos, con unas características
bastante personalizadas:
* Custodias de la primera mitad del siglo XVII.
Pies y astil similares a los de los
cálices. El astil no presenta nudo arquitectónico, con el fin de lograr una
mayor esbeltez en el balaustre.
* Custodias de la segunda mitad del siglo XVII.
Se obtiene una gran elevación en la pieza a través de soluciones varia- das: mayor altura en el pie, multiplicación de las partes del balaustre, o ambos sistemas.
La caja del viril, con un marco mucho más estrecho, puede acoger otra caja interior orlada con rayos alternantes.
En las piezas más ricas se incorporan esmaltes, al igual que costillas, asitas, tornapuntas, pequeños ganchos, etc.
Pies circulares o cuadrados.
CUSTODIA PARROQUIAL
Material: plata sobredorada.
Medidas: 78 cms. de alto y 19 cms. de diamétro de
la base.
Artífice: Alonso Pérez Noble.
Talleres llerenenses.
Cronología: 1619 aprox.
Custodia portátil con pie circular reducido de perfil convexo, decorada
con bellos cabujones esmaltados en negro y decoración de tipo vegetal y
geométrica. El estilizado astil se compone de un pedestal cilíndrico, un nudo en
forma de punzón rematado por un desarrollado plato y una taza de pequeñas asas.
Sobre esta estructura se dispone el remate troncocónico con una decoración
similar a la del pie, y como colofón, el amplio sol con los tradicionales rayos
alternantes. Corona esta custodia una alargada cruz de brazos lisos, rematados
con pequeños perillones.
La marca del artífice A. Pérez noble, ASP3, se inscribe dentro de un cuadrado.
La paternidad de la obra se ve reafirmada tras consultar el documento núm. LIII
de la obra del llerenense Antonio Carrasco: Escultores, pintores y plateros del
Bajo Renacimiento en Llerena. Por las piezas realizadas para esta misma
parroquia, Alonso Pérez Noble cobró la cantidad de 1.145 reales y medio en dos
pagas que llegaría a adquirir al año siguiente, en 1620.
Esteras valora la obra como elegante, esbelta y equilibrada, dentro de la
tipología manierista propia de los primeros años del siglo XVII. Una custodia
brillante que califica a su autor como un platero exitoso, capaz de sintetizar
de forma armoniosa los rasgos de la época - fines del siglo XVI y comienzos del
XVII -, sin olvidar su gran imaginación.
Por su parte Tejada Vizuete anotó que este aventajado alumno de C. Gutiérrez
nunca nos llegará a sorprender con la desarrollada técnica y exquisita
ornamentación de su maestro, aunque será capaz de resumir, perfectamente, la
estética de los plateros llerenenses del Bajo Renacimiento. Una hermosa pieza
con cabujones de esmalte nielado, muy acorde con la estética barroca.
En este siglo cobrarán fuerza las crismeras de tipo candelabro, siendo las más
interesantes las que se custodian en la parroquial de Valencia de las Torres,
labradas, en 1619, por Alonso Pérez Noble "el Joven". Este tipo de piezas
sagradas se caracterizan por los siguientes elementos:
Pie circular y plano.
Vástago de sección cilíndrica, coronado por un casquete que soporta
una elevada cruz de brazos rígidos, a modo de ramas.
Vasos aovados, con tapadera abisagrada y decoración escasa.
La decoración se reduce a las superficies de la peana y del vástago, con óvalos, rectángulos, tallos, etc.
CRISMERAS
Material: plata en su color.
Medidas: 25 cms. de alto y 15 cms. de diámetro de la base.
Artífice: Alonso Pérez Noble, "el Joven". (Atribuidas).
Talleres llerenenses.
Cronología: 1619 aprox.
Pie circular con peana convexa y acostumbrada decoración abstracta, propia del
autor, astil alargado y ornamentado con pilastras acanaladas, vasijas o
ampolletas lisas y tapaderas rematadas por una cruz y una «o». Se encuadran
dentro del tipo candelabro con astil cilíndrico del que surgen dos brazos que
portan sendos recipientes. Siguiendo la costumbre de los talleres llerenenses de
no marcar las crismeras, resulta difícil atribuirla a un centro platero
determinado. Este hecho se complica cuando pasamos a analizar el documento de
remate de fábrica de esta parroquia, expuesto anteriormente, en el que se
menciona que Alonso Pérez Noble ejecutó una cruz, una custodia, unos cálices y
unas vinajeras, pero no hace mención a estas crismeras.
Será el detallado análisis de Esteras el que nos conduzca a relacionarla con los
talleres orfebres de la vecina Llerena y concretamente al platero mencionado,
que por aquellos años trabajó para la fábrica de este templo.
La obra reproduce los motivos ornamentales y formales propios de finales del
siglo XVI, aproximándose a la estética del cáliz de este mismo templo.
BORDADOS
Resulta difícil analizar la producción textil, realizada con materiales nobles.
Estas ricas piezas han servido, en el mayor número de las veces, como ropajes de
imaginería renacentista y barroca, como indumentaria litúrgica y eclesiástica -
casullas y dalmáticas, sobre todo o como decoración de interiores de parroquias
y ermitas: frontales de altar, tapices murales, suntuosos cortinajes, etc.
Dada la fragilidad de los materiales utilizados en estas creaciones, es reducido
el número de piezas que han llegado hasta nuestros días en buen estado de
conservación. A esto hay que añadir la costumbre de aprovechar los trozos de
producciones antiguas, con el fin de crear otras nuevas, acordes con las modas y
tendencias de las distintas épocas.
Las materias primas utilizadas para tales labores, resultan muy heterogéneas.
Los tejidos o telas más utilizados coinciden con los de mayor riqueza, lujo y
calidad: terciopelo, seda, tisú, brocado, damasco, raso, otomán, pana, muselina
o recortes de otros tejidos. A estos los acompaña el hilo de oro, que con
anterioridad al siglo XVII se utilizaba en estado puro, hecho que dificultaba la
tarea de los bordadores, debido a la rigidez natural del metal. Además encarecía
el coste total de la obra. Con posterioridad al renacimiento, los bordadores
recurrieron a la técnica de mezclar seda y oro, abaratando el precio, pero
perdiendo gran suntuosidad. El precio del hilo seguía siendo alto y se decidió
sustituir el dorado del oro por el brillo de la fibra de plata.
A estos nobles materiales se le suman las incrustaciones de lentejuelas, perlas
de oro, pedrería fina, etc. Todo en función del logro del mayor lujo posible en
realizaciones que generalmente eran sufragadas por las distintas cofradías o
hermandades que realizaban múltiples encargos para los ropajes de sus imágenes a
las que rendían culto y devoción.
A la hora de intentar enumerar los motivos decorativos dispuestos sobre estos
tejidos, nos encontramos con el problema de la gran variedad, debido, en parte,
a la imaginación de los maestros bordadores y a la estética predominante en cada
momento. Los motivos ornamentales más recurrentes son los siguientes: hojas de
acanto, piñones, lazos, cintas, cuernos de la abundancia o cornucopias, conchas
o veneras de tradición santiaguista, macetillas, urnas fúnebres, ángeles,
cabezas de angelotes, arcángeles, evangelistas, santos de advocación local,
coronas imperiales, plantas o flores diversas que adquieren fuerte contenido
simbólico, sobre todo en el movimiento barroco, pureza, castidad y devoción
tulipanes, claveles, azucenas, rosas, campanillas, palmas del martirio, etc.
Los pocos datos con los que los distintos estudiosos del tema han contado,
provienen de los trabajos realizados por Rodriguez-Moñino, Los bordadores.
sederos y lapiceros en Badajoz. 1945 y Floriano Cumbreño, El bordado, Barcelona
1942.
La principal fuente de información sobre estas exquisitas labores textiles, la
ofrecen los Libros de Visitas de la Orden de Santiago, que describen detalladamente las obras que llenaban las arcas y roperos de las sacristías comarcanas,
utilizadas para la celebración de la liturgia y como atractivos ropajes de
imágenes de vestir o de «maniquí».
Lo que primero llama la atención en la producción textil de valor artístico es
la influencia ejercida en nuestra zona por los talleres de bordado del
Monasterio de Guadalupe, que gozaban de poseer el monopolio de esta producción.
Se descubre una aproximación entre la pintura y el bordado, como resultado de la
utilización de la técnica denominada «oro matizado» que consistía en forrar con
hilos de oro un dibujo realizado sobre una tela fuerte y gruesa, damasco o
terciopelo, frecuentemente. Estas hebras doradas se ocultaban con la
superposición de hilos de seda de tonos claros y oscuros. En las partes del
bordado que requiriesen más luz, se descubría el hilo de oro y para aquellas que
se encontraran en penumbra o sombra, pasaban a cubrirse totalmente con seda
oscura y opaca.
La ejecución de estas piezas descendió considerablemente durante la primera
mitad del siglo XVI, fruto del interés dedicado a la orfebrería y al auge
constructivo de edificios sagrados.
Todo lo contrario ocurrió durante la segunda mitad de la misma centuria,
extendiéndose esta misma tendencia por buena parte del siglo XVII.
Poca diferencia y separación se establece entre las obras renacentistas y
barrocas catalogadas en los siglos XVI y XVII, ya que en ambos momentos, se
recurrió a técnicas similares, tan sólo la ornamentación es la que hace posible
la diferenciación.
No existen ejemplos góticos del siglo sólo anotar que será en esta época cuando
se introduzca la influencia flamenca que se irá potenciando a medida que
avanza el siglo, conviviendo con otra italianizante.
Durante buena parte del Renacimiento, y sobre todo en los primeros años del
siglo XVI perviven los Casulla de la parroquial de Valencia de las Torres.
rasgos que caracterizaron a la estética gótica y medieval: arquitecturas de ;
arcos conopiales que acogen a figuras con vestimentas de sabor medieval. Los
rasgos puramente renacentistas se observarán por primera vez en
la producción
textil del taller guadalupense, que conocerá su decadencia a finales
del siglo
XVlI.
Bajo la estética barroca se asiste a un lento pero intenso proceso de recargamiento del ornato, dónde se pierde luminosidad, planicie y el rico cromatismo
renacentista. La tendencia barroca gusta de los contrastes luminosos luces y
sombras mezcladas con violencia y sin ningún tipo de armonía - se recurre
también a la obtención de volumen por medio de la superposición y utilización de
distintos tipos de tejido. Todo ello, según Tejada Vizuete, resta calidad y
belleza a los borda- dos de la época.
Muchas fueron las muestras destruidas por el irreparable paso del tiempo o por
acciones intencionadas que caracterizan nuestra historia nacional, décadas
atrás. Si recurrimos al artículo de Adelardo Covarsí, «Destrucción del Tesoro
Artístico Nacional en la Provincia de Badajoz», observamos que la mayor parte de
los pueblos que componen esta bella comarca, sufrieron las consecuencias del
enfrentamiento civil, y este fue el caso de Valencia de las Torres.
La pieza comarcal de mayor suntuosidad se encontraba en la iglesia parroquial de
esta localidad, conocida con el nombre de «temo rico», compuesta por una casulla
y dalmáticas. Fue realizada por el broslador segedano Francisco Pérez de Vega,
bordador oficial de la catedral de Badajoz, en el año 1555. Se documenta también
su labor en otras localidades próximas entre las que sobresale Almendralejo.
Además de la casulla y dalmáticas, llegó a bordar un exquisito frontal de altar
- hoy desaparecido - por el que cobró más de 500.000 maravedíes. A los 5 años se
conoce que solicitó, al mayordomo del templo, la cifra de 200.000 maravedíes
más, por lo que éste respondió que las obras poseían muchos desperfectos que
debieron ser corregidos para su exposición y utilidad; «al altar para onde
se
hizo si no se corta por medio y se encaxa alguna medalla o otra cosa».
Los visitadores santiaguistas la describen con todo lujo de detalles: « un terno
de tercipelo carmesí, casulla y almáticas, con cenefa bordada toda de oro
desterilla y panarejo y pinito de cinta, con unas medallas de oro matizado de
pinito, de apóstoles bordados; el cuerpo de la dicha casulla y almáticas, de torcales
de oro y plata, con unas flores bordadas del mesmo oro de pinito de panarejo, y
bordadas todas tres con quatro veneras de oro en cada uno de los faldones embutidos y lo demás bordado de oro muy rico, las dos con unas emes de plata
coronadas y otra con Jesús metido en unos óvalos. Este es muy rico terno ...».