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RUTA 1:
del río Retín RUTA 2: del reventón |
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Ampliar mapa
de la ruta 1 y 2
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Recorrido:
8 kilómetros.
Duración: 4 horas (5 horas).
Grado de dificultad: fácil.
Punto de partida: Camino de la Dehesa Boyal en el punto kilométrico 2
de la carretera comarcal 437 de Valencia de las Torres a Usagre.
El itinerario comienza en dirección Sureste siguiendo el camino de la Dehesa
Boyal, en este mismo punto a la izquierda tenemos una nave dedicada a la crianza
y engorde de ganado de cerda ibérico, instalación que cuentan con energía eólica,
que además de suministrar agua a los bebederos abastece de corriente eléctrica
a las naves, por esta parcela pasa el arroyo del Corcho, afluente del río Retín,
a la derecha hay una reforestación mixta de pino piñonero (Pinus pinea) y encina
(Quercus rotundifolia).
Seguidamente y a la izquierda hay un olivar, descendiente de los silvestres
acebuchares, y por dentro de una tapia a la vera del camino uno de los escasos
ejemplares de alcornoque (Quercus suber) que hay en la localidad, en el horizonte
veremos la torre de la iglesia en la lejanía. Esta senda termina en la conjunción
de otro camino llamado de Villagarcía, el cual tomaremos a la derecha con dirección
Suroeste, sin dejar éste, atravesaremos la dehesa Boyal, dedicada actualmente
a la ganadería de oveja merina y al aprovechamiento de sus pastos, descendiendo
hasta el río Retín que seguiremos aguas abajo por su margen derecha.
Toparemos con una antigua canalización de un viejo molino que encontraremos
bastante ruinoso, en este lugar hubo un puente construido en parte con troncos
de madera, aquí podemos parar a tomar un pequeño respiro entre las rocas de
curioso color que encajonan el río.

Siguiendo el curso llegaremos hasta el puente del Retín, transformado hace unos
años para adecuarlo a la anchura de la carretera, si bien su estructura básica
no se ha modificado. La vegetación de ribera en este primer tramo está compuesta
principalmente por adelfas (Nerium oleander) y juncos (Scirpus holoschoenus),
y la flor denominada azahar (Narcissus fernandesii) de fuerte color amarillo
y penetrante aroma. La orillas de este primer tramo tienen nula sedimentación
debido en parte a la proximidad de su nacimiento y a su débil pero insistente
desnivel.
Manteniendo la misma dirección Norte, y una vez pasado por debajo de los arcos
del puente seguiremos curso abajo, si la travesía la realizamos a finales de
marzo o principios de abril nos será grato observar al impetuoso barbo (Barbus
sp.) y a la nerviosa pardilla (Rutilus lemingii) remontando las corrientes en
su afán de encontrar zonas, gravas finas, adecuadas para realizar la freza.
Por muy sigilosos que seamos los galápagos con sus chapuzones delatarán nuestra
presencia a patos reales, pollas o gallinetas de agua, garzas reales (Ardea
cinerea) que levantarán el vuelo al más mínimo atisbo de movimiento en la orilla.
La zarza mora tiene en estos parajes ribereños algunos representantes; muy cerca
del cauce podemos encontrar fácilmente el tomillo muy utilizado en la gastronomía
popular para el aderezo de algunos de los platos típicos y muchísimos lirios
que adornan el campo. Sin dejar de andar, seguidamente encontraremos un denso
espadañar, nido y cobijo de aves insectívoras, herrerillos, carboneros, currucas,
carricerines, etc., y flores multicolores rodearán nuestro caminar.
En el paraje de los carrizales, las aguas toman un aire más tranquilo, son lugares
que durante el verano serán charcas cortadas que cobijarán a la fauna silvestre.
Difícil es ver a la astuta y tímida nutria (Lutra lutra), sin embargo, si observaremos
sus rastros y huellas por las orillas.
En algunos puntos encontraremos restos de antiguos molinos y canalizaciones
para los mismos, e incluso algún pozo de antiguas minas. Empezaremos a ver pequeñas
agrupaciones alineadas de algunos sauces, lugar también de ocio y columpio de
paseriformes, palomas, etc.
Llegaremos
a la altura del arroyo del Riscal también llamado de las Gallineras, este regato
tiene cierto atractivo especial ya que forma un profundo encajonamiento en algunos
puntos de su corto recorrido.
Una vez cruzado el anterior cauce tenemos una buena zona para observar a las
ágiles ranas, el río en este lugar forma un gran meandro, a un lado podemos
ver las ruinas de una vieja mina. Pasaremos por los entresijos del roquedo para
continuar en dirección Oeste, sumidos en armónicos de diversos pajarillos conjugados
por los gorgojeos del agua en su afán de correr hacia las llanuras, llegaremos
a una zona donde no es extraño ver algún milano campear por los cielos.
Estaremos ya a la altura del camino de Los Molineros, lugar en el que podemos
tomar dos alternativas, para los que no estén muy acostumbrados y/o se encuentren
ya satisfechos se recomienda un rato de descanso y volver por esta senda, que
sin dejarla, nos llevará hasta un lugar muy cerca del punto de partida.
Para aquellos que quieran seguir sobre cantuesos y por la vera del río, observando
golondrinas y vencejos, tienen otro trecho hasta la próxima salida que encontrarán
después de pasar un huerto de almendros, desde este punto ya avistaremos otro
olivar y un pequeño cortijo que mira hacia
el río en un abrupto cortado, subiremos por la senda que transita junto a la
pared de piedra hasta encontramos con un camino que tomaremos a la derecha,
sin dejarla hasta llegar al cortijo del Reventón, aquí seguiremos por una senda
en dirección Sur hasta cruzar un regajo que riega una huerta, y subiremos la
empinada cuesta hasta llegar a las tapias del olivar del Reventón, más adelante
nos encontraremos con el camino de Los Molineros que tomaremos hasta llegar
al punto de inicio de la ruta.