Arquitectura Religiosa  
 
  IGLESIA PARROQUIAL

Esta localidad perteneció, al igual que el resto de la comarca, a la Orden de Santiago. En la plaza mayor de la población se asienta la iglesia parroquial dedicada a Nuestra Señora de la Asunción, una obra originaria del siglo XV pero hoy muy transformada, realizada en mampostería encalada. Los muros laterales acogen otra portada, tan severa como la de los pies de la torre-fachada, y una extraña decoración a base de paneles de azulejería con imágenes marianas a las que se les rinde culto en toda la provincia y en parte de la vecina Andalucía, que más que enriquecer el valor plástico de los paramentos, distorsionan la tónica sobria de la edificación. Este lateral derecho o de la Epístola aparece protegido por una sólida verja, tras ellas se custodian algunos restos arqueológicos de época romana: un gran ara votiva, la base de un colosal sarcófago o dos fustes de columnas marmóreas que fueron encontradas casualmente cerca.  Los vecinos nos comunicaron que fueron extraídas del sub suelo de la desaparecida fortaleza.

La planta es dilatada y de nave única con cinco tramos cubiertos con bóvedas de cañón con luneto s y arco reforzadores apuntados, al exterior se dispone en forma de dos aguas o doble vertiente. La cabecera es estrecha y sobreelevada, cubierta con una sencilla bóveda gótica de crucería a la que se accede a través de un gran arco toral de ladrillo, también apuntado. El exterior presenta un rico juego de volúmenes obtenido a través de la disposición de dependencias laterales a distinta altura.

Las múltiples intervenciones que a 10 largo de los siglos sobre ella se practicaron, han transformado considerablemente su aspecto original.

En sus pies se alza una solemne torre- fachada de planta cuadrada erigida entre 1450- 1574, En esta época fue comendador mayor de León A1nso de Cárdenas, cuyo emblema heráldico se deposita en una placa de mármol en e11ado sur del cuerpo de campanas.

Tiene cuatro cuerpos, se suceden los tres inferiores sin elementos que los diferencien, sólo la existencia de los sucesivos vanos permiten que el doble cuerpo de campanas esté señalado por una sencilla moldura de ladrillo, apenas resaltada. Esta torre-fachada de tinte mudéjar es similar a la de Ahillones, así, en su base se abre una pequeña portada granítica formada por un arco apuntado que apoya en jambas acodadas. Esta parte de la torre está realizada en sillarejo y los ángulos de la misma se refuerzan por sillares pétreos de diverso tamaño. En su interior este primer nivel forma parte del templo, convirtiéndose en vestíbulo de la entrada del mismo.

El segundo cuerpo de esta solemne torre presenta una ventana sencilla con arco apuntado encuadrado en rectángulo, quedando el espacio de las albanegas retranqueado. Los muros de esta parte están formados por mampostería, con verdugadas de ladrillo y las esquinas se refuerzan con sillares. Su interior también forma parte del templo, ya que se corresponde con el coro, sirviendo el vano para la iluminación de este espacio.

El tercer nivel acoge una ventana geminada formada por dos arcos peraltados de ladrillo que descansan en un mainel de mármol, todo encuadrado en un rectángulo, dibujándose sobre el mismo un arco conopial. El material de este tramo es idéntico al del piso anterior, con una dependencia interior similar a la existente en la parroquia de la Morera.

En el cuerpo de las campanas solo se recurre al ladrillo como material constructivo, con dos registros de arcos superpuestos en cada frente. Los más bajos, de mayor altura, formados por arcos peraltados, mientras que los superiores son de medio punto, remarcados en rectángulo, quedando las roscas y albanegas retranqueadas. Rematan este nivel de la torre unas almenas - una en cada ángulo del prisma y otra en el centro de los frentes -. Corona la torre un volumen octogonal rematado con chapitel, en cada flanco de ese volumen octogonal se abre un pequeño vano con arco de medio punto que descansa sobre impostas marcadas. realiza- das, también, en ladrillo.

Conocemos de forma detallada los ingresos y rentas de los que disponía esta parroquial a finales del siglo XVIII: 3.800 reales de dotación real, a esto es necesario añadir los no desmerecidos haberes derivados de la fundación de las ocho capellanías.

Hasta el siglo pasado era frecuente disponer los enterramiento s en el interior de las parroquias, una situación poco higiénica y adecuada. Esto mismo ocurría en la parroquial de Valencia de las Torres.

Estamos ante un interesante ejemplo de la dilatada producción mudéjar comarcal de finales del siglo XV y .de buena parte del XVI. Las estructuras y elementos decorativos más recurrentes de este periodo: arcos apuntados, peraltados y de medio punto. El primero es empleado en interiores y portadas, mientras que el resto se dedica a vanos y a los huecos de campanas. Los paramentos resultan sobrios, sencillos y austeros, con escasos motivos ornamentales: dobles arcos o sencillos, arcos ciegos, utilización de bandas de ladrillo en dientes de sierra, azulejería, estructuras de bolas de finales del XV y comienzos del XVI - decoración representativa de la época de los Reyes Católicos, paños de rombos, etc. Durante este periodo se construyen las más altas y bellas torres de la Baja  Extremadura, y la de Valencia es una de las más importantes, dispuestas en los  pies de los templos parroquiales, originando torres-fachada, con funciones de coro y sotocoro. De planta cuadrada, a veces, tendentes hacia el rectángulo, transformándose desde muy pronto en: "un hito en el medio rural. La torre es el elemento que sobresale notablemente del nivel medio de las casas, ellas se elevan para ser el foco de atención en casos de necesidad o celebraciones, ya sea culto u otros motivos relacionados con la comunidad. Durante la Edad Media, con el Románico adquirieron gran desarrollo; daban las horas, llamaban a la población en  caso de peligro, servían de refugio. Con el tiempo estas funciones, o al menos algunas de ellas, fueron desapareciendo, sin embargo pervivirán en el tiempo."

Son obras de arraigado sabor popular, integradas perfectamente en el medio rural, realizadas, principalmente, con una mezcla de mampostería de piedra y verdugadas de ladrillo, según los distintos niveles. Esta que nos corresponde tratar, recurre, como muchas otras, a los sillares pétreos dispuestos verticalmente en las esquinas, como efectivos sistemas de refuerzo de la fábrica.

En el flanco derecho o de la Epístola se conservan restos arqueológicos, de posible origen romano, que según los testimonios orales de los atentos vecinos fueron extraídos del lugar que ocupó la desaparecida fortaleza y casa de la Encomienda.

Es destacable el tesoro parroquial, con obras de escultura y plata, entre todas las piezas sobresale por su calidad, belleza y refinamiento la delicada pila bautismal labrada por el afamado escultor sevillano Bautista Vázquez "el Viejo", en el siglo XVI. Es uno de los artistas, que junto con Andrés de acampo, Martínez Montañés, Juan de Oviedo y Bautista Vázquez "el Menor", introduce en la comarca de Llerena la elegante fineza del manierismo y de las muestras iniciales del barroco andaluz, insinuado en imágenes y retablos. Estos artistas representan uno de los momentos más fecundos de la influencia sevillana en la Baja Extremadura. Pero la presencia de estos eminentes artistas no logró revitalizar los modestos talleres locales, que prolongarían su decadente actividad hasta el primer cuarto del siglo XVII.

Bautista Vázquez "el Viejo" tras el exquisito manierismo toledano, plasma- do en la estatua del sobrino del Cardenal Silíceo, en la vecina Villagarcía de la Torre, realizó para la iglesia mayor de la Granada, en Llerena, un retablo para la capilla del Prior Gonzalo de la Fuente, emplazada en la nave de la Epístola, hoy convertida en baptisterio.

Esta pila bautismal podría datarse en el año 1570, y pese al carácter tosco de su labor y a los "claros cantos italianizantes", se aleja del exquisito manierismo de este maestro castellano asentado en Sevilla, tal vez pueda atribuirse a alguno de los tallistas en piedra, activo en la comarca de Llerena durante la segunda mitad del siglo XVI.

A pesar de todo posee gran calidad, labrada en noble alabastro y con una afiligranada traza renacentista, decorada con motivos representativos de esta esté- tica introducida en nuestro suelo desde la vecina Andalucía: rostros de querubes o angelotes alados y elementos vegetales, son parte de ese rico repertorio ornamental. Aún conserva restos de policromía, pues en época pasada poseería un aspecto bien diferente al desnudo y blanquecino que hoy porta. El pedestal goza de la misma y excelente factura que el resto de la pieza.

 ERMITAS Y CONVENTOS.
La construcción de ermitas y santuarios rurales es la respuesta o manifestación más intensa que la religiosidad y fervor del pueblo pueden ofrecer. El término de ermita tiene diversos significados pero todos coinciden en identificar a un templo de pequeñas dimensiones, asentado lejos de los núcleos habitados, en pleno campo o en otros lugares: ejidos, extramuros, arrabales, etc. Muchas de ellas contaron con la presencia de un ermitaño que desarrollaba una vida aislada y eremítica, encargado del mantenimiento y de la seguridad del edificio, evitando cualquier tipo de acción no deseada sobre su fábrica o sobre el mobiliario. Para ello se les entregaba una pequeña casa, generalmente, anexa al resto de la construcción y, en algunas ocasiones, tierras y animales de los que pudiera vivir: pequeños huertos, modestos olivares, animales de tiro, etc.

Puede darse el caso de encontramos con ermitas localizadas dentro de los núcleos urbanos. Esto no significa que desde el principio fueran ideadas para ubicarse en el entramado urbanístico, sino que debido al crecimiento de las calles y de las manzanas, quedaron embutidas dentro de los mismos. Algunas gozaron de la categoría de iglesias parroquiales para luego descender a la de modesta ermita. El motivo responde a varios procesos: que se encontrasen en mal estado de conservación y por ello debiera crearse un edificio nuevo; que la población se incrementara durante la Edad Media, recurriendo al levantamiento de otras iglesias mayores y más acordes con los distintos gustos y modas de cada época que las distintas localidades crecieran a espaldas de éstas, quedando alejadas del centro urbano y para ello se ordenara ejecutar otro templo más céntrico, etc. Son muchas las causas que podríamos anotar pero las que hemos expuesto son las que se tienen por más importantes.

La fundación de ermitas rurales se explica por la necesidad del ser humano de solicitar, encomendarse e, incluso, comunicarse con un ser o presencia superior, que le ayude a salir de una mala situación, que escuche sus súplicas, que le conceda los favores demandados, etc. Según C. Segura y R. Romero, este hecho nos conduce a pensar que los santos, santas, vírgenes y cristos a los que se dedicaron las distintas ermitas se convirtieron en intermediarios entre el cielo y la tierra. De ahí que encontremos la talla del titular en la zona más importante del templo.

Otras veces la fundación responde a motivos extraordinarios: apariciones marianas, la conmemoración de la victoria de alguna batalla contra el pueblo invasor islámico, el recuerdo del martirio sufrido por algún personaje local, cercano o incluso al que se le tenga gran devoción en la zona, la custodia de reliquias de algún santo o mártir, el aprovechamiento de las aguas salutíferas o milagrosas de algún riachuelo que discurriera cerca, etc.

En general se puede afirmar que la causa principal del abandono de estos santuarios reside en el despoblamiento total o parcial de los núcleos urbanos. No faltarán ejemplos en los que muchas de éstos se transformaran, siglos después, en conventos encargados de acoger a distintas órdenes religiosas de monjes y frailes.

Según Aurora Ruiz Mateos en su obra Arte y Religiosidad Popular: Las ermitas en la Baja Extremadura... la causa más importante de la edificación de j ermitas fue el creciente culto y veneración que se desarrolló hacia los santos, especialmente fuerte desde el siglo XVIII. No es de extrañar que la dureza de las condiciones de vida de la época medieval: hambrunas, epidemias, pestilencias, periodos largos de sequías o lluvias, guerras y enfrentamiento constantes, dieran lugar a una situación de inestabilidad generalizada haciendo que el hombre se sintiera desprotegido, Y recurriera a los favores celestiales.

Progresivamente se produjo una especialización de estos santos, de sus atri-buciones y funciones, dando lugar a que el hombre acudiera a uno u otro según sus necesidades. San BIas se convirtió en protector de los campos y gargantas, San Roque y San Damián pasaron a socorrer en épocas de epidemias, San Cosme y San Damián en las enfermedades comunes, Santa Lucía se encargaría de proteger la vista, etc.

Valencia de las Torres contó en otro tiempo con cinco ermitas, pero no ha conservado casi ninguna de ellas.

Una de las más importantes fue la de Santiago Apóstol, dispuesta en el ejido del mismo nombre y construida por el pueblo entre 1494 y 1574. Durante este último año los visitadores ordenaron a su mayordomo realizar una serie de obras que contribuyeran a la conclusión de la misma: ",.. aunque la ermita es pobre y no tiene más de la demanda que se pide por virtud del dicho mandato del bacín y algunas mandas particulares que los vezinos devotos de la dicha villa hazen, está por hazer un arco y cubrir dos capillas enfima de él con que quedara acabada la dicha hermita conforme a las paredes que tiene labradas, lo qual haga hazer y haga del alcanfe que al presente le quedase.,. ".  Fue notable la participación del Maestre Santiaguista Don Alonso de Cárdenas en la financiación de una pequeña capilla en este mismo templo.

Otros ejemplos fueron: San Martín, de inicios del XVI y utilizada hasta 'bien entrado el siglo XVIII como iglesia mayor o parroquial a pesar de su mal estado y aspecto. Son escasos los restos que de ella conservamos; una pequeña capilla, para ser más exactos, hoy dentro de una finca privada conocida con el nombre de "Los Quintos de San Martín". Los Mártires, edificada a finales del XV y en el interior de la localidad (sería el único ejemplo local de ermita instaurada dentro del trazado urbano, junto a la actual iglesia parroquial), con unas dimensiones más considerables que las dedicadas a San Andrés y San Martín".

San Andrés, con la misma cronología, asentada en el interior de la Casa de la Encomienda y utilizada hasta el siglo pasado. Los Libros de Visitas de la Orden de Santiago, nos mencionan de pasada a la mísma: "A la entrada, a mano derecha del dicho corral, esta la capilla de Sanct Andres...".51 . La visita del año 1575 recoge sobre este pequeño santuario: "La qual tiene a la entrada de ella un arco de ladrillo grande sin puertas, tiene una piefa que sirve de capilla, cubierta de cabrios y caña y texera, y en ella esta un altar de una y magen de vulto del señor SanoAndres... aunque nunca se ha renovado de la visita pasada aca. la limosna que se llega del dia de santo Andres, quando viene la gente a visitar la dicha ermita...".52
Como conclusión, la dedicada a San Marcos, erigida durante el último tercio del siglo XVI. Madoz aún la menciona a mediados del siglo pasado en su Diccionario Geográfico...