Arquitectura Popular y Tradicional
 
  CASAS

Desde el momento inicial de formación de caseríos y poblaciones, las casas eran pieza clave en el esquema social, económico, jerárquico y político de cada pueblo. Cuando nos referimos a una vivienda tradicional, estamos haciendo mención a una morada contraria a la moderna. O sea, entendemos por tradicional aquella vivienda en la que los distintos espacios o habitaciones tienen una finalidad férreamente establecida o determinada, por ello nos imposibilita transformar una estancia en otra; la cocina por dormitorio o el establo por alcoba. Lo contrario sucede con la vivienda actual y contemporánea.

Esta misma vivienda es tomada como un ser vivo, de carne y hueso, en el ámbito rural, mientras que el piso del entorno urbano se vuelve más impersonal, considerado como objeto. En el medio rural la morada está matizada por la afectividad, es un marco óptimo de referencias culturales y espirituales que posibilitan el contacto directo con el pasado, las costumbres, las formas de vida y los recuerdos.

La casa tradicional está íntimamente ligada al pasado y a la familia, pues es común que haya sido creada por algún familiar o antepasado, edificándola con sus propias manos, - por esta razón se suele conocer a este tipo de manifestaciones artísticas como "arquitectura sin arquitectos"-, pasando de generación en generación y siendo erigida con materiales autóctonos y sin ningún tipo de conocimientos técnicos de arquitectura.

García Mercadal fue uno de los primeros que abordó el tema de forma profunda, estableciendo cuatro tipologías o categorías de casas populares en España.

Siguiendo su clasificación, la vivienda popular y tradicional de Valencia de las Torres se encuadrarían dentro de la vivienda de llano: con construcciones de muros blanqueados, de perfiles geométricos, con tendencia hacia la horizontalidad, etc. Otros caracteres, morfológicos y estructurales representativos: muros de mampostería y ladrillo, materiales no visibles al exterior, fachada encalada y desprovista, generalmente, de impostas que indiquen la separación de pisos, frecuentes bóvedas dada la escasez de la madera, etc.

Esta vivienda tradicional de la calle de los Cartujos, reproduce perfectamente el esquema de casa intermedia de pequeños y medianos campesinos, con colada o pasillo central en torno al que se van disponiendo, simétricamente, las distintas dependencias, a "dos manos". Es amplia de fondo, de planta única y doblado o desván como lugar tradicional de almacenamiento del grano o de los productos derivados del cerdo, que se extiende por la mayoría de las estancias o espacios vivideros La fachada se presenta totalmente encalada desde siglos atrás, muy simétrica, pues a partir de la puerta principal, se disponen dos vanos a ambos lados, con elementos tan recurrentes como las grandes rejas y los guardapolvos.
La cubierta se resuelve a dos aguas con un caballete también denominado cumbrera, paralelo a la fachada principal. En estas cubiertas sobresaldrá uno de los elementos más característicos de la casa popular de la Baja Extremadura, nos referimos a la chimenea. Las más frecuentes cuentan con planta rectangular o alargada, con un gran arco rebajado o estructura adinte1ada para acoger vasos, jarras, etc.

La mayoría de las viviendas recurren al tapial, - especie de hormigón de tierra yagua, formado por parte de arena y arcillo, como elemento de unión- barro y paja para adobes, hormigón de barro y cascotes con o sin cal, mazacote de ladrillo crudo -adobe- o cocido, etc. También encontraremos, aunque de forma reducida, las maderas para las cubiertas y dinteles, en forma de vigas o cabrios grandes. Igualmente sobresalen los materiales metálicos, férreos principalmente, para las rejas, los clavos, cerraduras, etc.

Los muros obtenidos con estos materiales resultan muy gruesos, llegando a superar el metro de espesor. Actúan como aislantes, moderando las altas temperaturas estivales, evitando que el calor penetre en el interior de las viviendas. En el invierno dan lugar a que el calor interior obtenido con el hogar e escape. Por lo tanto, podríamos anotar que este tipo de viviendas tradicionales actúan como termostato.

Otro ejemplo representativo de la casa de pequeños y medianos campesinos se encuentra en la Plaza de España, pero a diferencia de la anterior, que era de planta única, ésta presenta dos pisos vivideros. - La anterior tenía dos niveles, pero el segundo estaba dedicado al doblado y no a los espacios vivideros -. Esta vivienda de la Plaza de España, posee mayor entidad que la anterior, con grandes balcones, utilizados como sistemas de ventilación e iluminación de las estancias, además de servir de elemento de exteriorización socioeconómica, relacionando los actos públicos del exterior, con la vida interior. Estos grandes balcones nos descubren a unos propietarios con un "status" económico y social más elevado, a esto hay que añadir su óptima localización, en pleno centro urbano. Otros elementos típicos de este tipo de viviendas son: la gran balaustrada dispuesta en la cima de la fachada, las mayores dimensiones, los dilatados patios dispuestos en las traseras, el uso generalizado de bóvedas para todas las estancias, etc.

En esta localidad también serán representativas las viviendas de los siglos VI-XVIII. Las características de las mismas pueden sintetizarse en los siguientes puntos:

Aparejo de mampostería o tapial, con muros enjalbegados. También se recurre a la utilización de sillares pétreos de granito o arenisca para las esquinas y como enmarque de vanos.

En estas casas solariegas, los motivos de inspiración clásica, - renacimiento y barroco - se diseminan por buena parte de la fachada principal, contribuyendo en su enriquecimiento plástico: frontones triangulares, curvos o partidos, flameros, cornisas, columnas y pilastras adosadas, óculos, molduras variadas y dobles, aleros pronunciados, etc. Los ejemplos se reparten por todas las poblaciones comarcales, aunque se intensificarán en las localidades que contaron con mayor importancia y abolengo.

  FUENTES, PILARES Y ABREVADEROS

Los pozos y las fuentes son fundamentales para la subsistencia de las poblaciones y de sus habitantes, de ahí que la mayoría de las localidades contaran con numerosos ejemplos que garantizaban el abastecimiento. La importancia dio lugar a que su uso estuviera regulado y vigilado por las Ordenanzas Municipales - las instituciones que velaban por su conservación e higiene eran variadas: Concejo Municipal, Cofradías, Hermandades locales, etc. - que evitaban su utilización arbitraria u otros hechos que contribuyeran a malgastar o contaminar el agua, por esta razón se prohibía lavar los objetos domésticos, la ropa, bañarse, etc.

Hemos quedado claro el valor utilitario del elemento líquido, pero en base a su gran importancia, se ha rodeado de ciertos aspectos y matices antropológicos que le conceden un valor sagrado, mágico, simbólico y de ritual, relacionados directamente con la purificación y la revitalización de la salud y del vigor humano.

Es general que los habitantes de nuestras localidades nos refieran las peculiaridades y propiedades minerales de las fuentes, con un doble poder, por un lado medicinal y por otro, mineral.

Estas fuentes poseen un interesante valor antropológico, al considerarse como puntos de reunión, encuentro, distracción, recreo, etc. "Son referentes interiorizados en la memoria colectiva de muchas generaciones".

Si los pozos se protegían con brocales o antepechos en mampostería, muchas fuentes llegaron a poseer formas muy diversas, partiendo desde las más modestas con un tubo, caño u orificio, hasta otras de disposiciones más complejas, con numerosos pilares de distintas dimensiones y formas: cuadrados, rectangulares y poligonales, encargados de saciar la sed de los ganados que por allí pasaban. Por ello es general que en las salidas de los núcleos urbanos se dispusieran fuentes que abastecían a los ganados trashumantes de la Mesta. No faltarán los emplazados en lugares céntricos, preferentemente en plazas públicas o en espacios de aprovechamiento comunal: baldíos, ejidos, en forma de abrevaderos para el citado ganado, etc.

Se generalizaron en el siglo XIX, con el plan de dotación de servicios a los municipios, aunque muchas fueron construidas durante las centurias anteriores, siglos XIII-XV.

Numerosas serán las que cuenten con uno o varios caños que facilitan la recogida del agua a través de los cántaros u otros recipientes, rodeadas de un pilar o receptáculo, poligonal o cuadrado y un elemento vertical como soporte de esos caños todo solía estar realizado en mampostería.

Realizaremos un rápido recorrido por las fuentes y pilares de Valencia de las Torres, en el que se registren sus nombres, localizaciones, peculiaridades, diseños, propiedades medicinales y/o minerales, cronología aproximada, etc.

Madoz, a mediados de la centuria pasada citaba la existencia de 2 fuentes dentro de la localidad, una denominada Cuadrada, - desaparecida - muy útil y beneficiosa contra el mal del riñón y de la orina, y otras muchas a distancia no muy lejana. La más llamativa era la situada en el término de la Muda, con el nombre de Fuente de la Muda, a legua y media y con un agua muy ferruginosa, recomendada "...para abrir el apetito y facilitar la digestión".

Otra se ubicaba cerca de un arroyuelo que pasaba por las proximidades del casco urbano, en el lugar conocido como "el pilar" y otra digna de mención y con gran carga popular, calificada "de los Moros", con escalinata de acceso y protegida por un edículo de planta cuadrada y portezuela. No podemos olvidar la que posee un gran pilar alargado, situada en el límite del casco urbano.

  NORIAS

Los hornos, norias y molinos solían disponerse en los espacios libres de las afueras de las poblaciones, en los popularmente conocidos como "lejíos" - ejidos - que acabaron siendo absorbidos por el casco urbano.

Las norias o máquinas hidráulicas fueron introducidas en la península por los árabes que las trajeron y copiaron de Oriente. Estos sistemas resultaron eficazmente útiles para elevar hasta la superficie los abundantes depósitos subterráneos de agua, utilizándose hasta hace pocos años.

El mecanismo se basaba en dos ruedas de madera, de proyección horizontal -rueda de aire -, movida por tracción animal y otra vertical, - rueda de agua - sujeta a la primera y a la que se fijaban unas vasijas de barro - arcauces - que se encargaban de recoger y elevar el agua extraída. Poco a poco la edificación se fue haciendo más compleja y completa, incorporando brocales o antepechos, bóvedas protectoras, puentecillos, canales de conducción, acequias, receptáculos para recoger el líquido, etc.

En Valencia de las Torres podremos visitar tres interesantes norias, aunque el número de las mismas es mayor, con los elementos representativos que caracterizan a este tipo de obras de ingeniería.