Arquitectura Civil y Militar

Vista de la Calle 1ª del Castillo.La arquitectura civil y militar de la localidad va a estar representada por la fortaleza y casa-fuerte de la Encomienda Santiaguista, desaparecida, aunque hasta hace unas décadas se encontraba ubicada al final de la escarpada calle con el topónimo "del Castillo", así como por el puente medieval, calificado de romano por la tradición popular, asentado en una bello paraje, de interés natural, sobre el río Matachel, a unos 10 kilómetros de la localidad.
 

  FORTALEZA Y CASA DE LA ENCOMIENDA SANTIAGUISTA

Ya hemos citado como Ortiz de Thovar menciona la existencia de un asentamiento romano en el montículo que después acogería una fortaleza islámica que, tras la Reconquista y la extensión de los Reinos Cristianos pasaría a convertirse en la casa de la Encomienda de la Villa.
Por las descripciones que los visitadores hacen de este edificio, deducimos que se trata, más que de un castillo, de una casa fuerte similar a las de Valencia del Ventoso o Lobón. Éstas fueron erigidas por la Orden después de 1450. La estructura de las tres es similar: un muro perimetral con torres redondas en los ángulos y una torre de mayores proporciones, del Homenaje, sita en el centro o en un lateral del recinto, más algunas dependencias de carácter residencial, de servicios o almacenaje, distribuidas en el interior del patio.

Entre 1450 y 1475 Y siendo comendador mayor Don Alonso de Cárdenas, según ya se ha indicado, aparecen los primeros datos sobre este edificio. En este periodo se dotará a la casa de la Encomienda de una magnífica torre con varios pisos, siguiendo la costumbre y tipología de estas construcciones.

Calle del castillo. Al final de la misma se asentaría la desaparecida casa de la Encomienda.

Durante esta época los caballeros visitadores no definen al edificio como "fuerte". Este hecho no significa que verdaderamente no fuese, ya que en las visitas posteriores y en la documentación que recopila los trazos y condiciones de las obras realizadas sobre el edificio, siempre se la recogerá como "fortaleza". Pensamos que el aspecto y las proporciones serían menos llamativas que las del resto de castillos de la Baja Extremadura, de ahí la minusvaloración.

Entre los años 1494 y 1498 se levantaron, de nueva planta, un portal solado de ladrillo y cubierto de maderas y cañas, reparándose las caballerizas y el horno.

Dos años después, en 1500, los visitadores ordenaron realizar una larga lista de reparaciones, necesarias para el adecuado mantenimiento y habitabilidad del edificio.

Son escasos los datos de constructores de fábricas y carpinteros de cubiertas mudéjares en la comarca. La Baja Extremadura llegó a contar con tres localidades que poseían un grupo pujante de albañiles que se movilizaban por buena parte de la provincia, desarrollando una importante labor constructiva en el siglo XVI, tanto en obras religiosas como civiles y militares. Por los pocos datos que poseemos debieron moverse en grupos o cuadrillas de 2-3 componentes, entre ellos la familia de los Piedrahita, oriunda de Hornachos o Fernando Contreras e incluso Juan de Cúellar, natural de Ribera del Fresno que participó en el levantamiento de la ermita de Campillo de Llerena, advocada a Santa María de las Esposas.

Los maestros se comprometen a terminar las obras, que se adjudican en noviembre de 1508, para septiembre de 1509. Se estipula en la documentación otra condición aceptada por los maestros y es que si no remataban las obras para la fecha prevista, el depositario del importe tome otros maestros y la acabe a costas de lo que debieran pagar los adjudicatarios.

La visita de 1508 nos comunica que las caballerizas se hicieron de nueva planta, igualmente se comenzó a construir una barrera alrededor de la torre.

En 1515 los visitadores indican que de las obras ordenadas con anterioridad, algunas no estaban hechas aún, como el revoque de los muros de la barrera, la escalera, el acceso a los mismos y el solar de la caballeriza.
La tasación de las obras citadas la realizaron los maestros Juan Alonso de Piedrahíta, y aunque la documentación no indica el importe, suponemos, por comparación con reparaciones similares, que la cantidad oscilaría entre los veinte y los treinta mil maravedíes.

Se nos silencia la trayectoria arquitectónica de este lugar hasta el año 1575, fecha en la que los visitadores ponen de manifiesto que algunas dependencias no se encontraban en buenas condiciones. Se relacionan, también, otra serie de necesidades que demuestran que el cuidado que se presta a los interiores de estos edificios es escaso o nulo, además, recoge el nombre de los maestros albañiles y carpinteros locales que podrían realizar las obras necesarias para la supervivencia de la fábrica del edifico en cuestión.

Del periodo comprendido entre 1575 y 1745 no se han hallado datos. Del último año se conserva la copia de la descripción de la Encomienda Mayor de León y de sus pertenencias correspondientes a la sede de Valencia de las Torres, por la que conocemos que la casa de la Encomienda se trasladó a un edifico situado en la calle de la Fuente, abandonándose el emplazamiento anterior: La entrada de esta segunda casa de la Encomienda ocuparía los actuales números 11 y 13 de la calle de la Fuente, anteriormente casa única. Las casas anejas y correspondientes a los números 15 y 17 también pertenecerían a la misma, ofreciéndonos la magnitud de la construcción.

A mediados del siglo pasado, 1847, Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico..., menciona el torreón, pero en la actualidad no queda ni la más leve huella del edificio o casa fuerte, primitiva casa de la Encomienda de la villa.
El abandono de la fortaleza como casa de la encomienda traerá consigo su ruina, hecho que se repite en otros casos de la Provincia de León. Gracias a los datos recogidos en los Libros de Visitas, sobre esta casa, es posible aproximarse a la estructura y composición de la misma.

Su tipología responde al modelo de edificio que los santiaguistas conciben y levantan en la segunda mitad del siglo XV; modelo que no fue exclusivo de la Provincia de León, sino que se extendió a parte de Hispanoamérica.

En cuanto a la ubicación se conoce que fue construida en el punto más alto de la zona poblada, a unos ciento cuarenta metros de la iglesia parroquial. Los elementos propiamente defensivos con los que llegó a contar fueron: "un muro almenado con cinco cubos y una torre ". Junto a la misma torre se alzaron algunas dependencias de carácter residencial y de servicio.

Los muros, a finales del siglo XV estaban construidos siguiendo la técnica del tapial, con tierra, sustituyéndose, a comienzos de la centuria siguiente por otros más consistentes de fábrica de mampuesto. Los cinco cubos sobre los que se articularon los lienzos del muro, también fueron construidos por la misma época y con idéntico material. Todos contaron con bóveda de ladrillo, pretil y almenas, concretándose en las condiciones de su construcción que llevasen saeteras defensivas. A mano derecha de la entrada se alojaba una capilla dedicada a San Andrés, cuya nave era de mampostería con cubierta de madera a dos aguas y el piso de ladrillo.

La Torre del Homenaje se describe, unas veces como adosada a uno de los lienzos del muro, y otras como exenta en el centro del espacio exterior. Sólo en uno de los Libros de Visitas se la denomina del Homenaje. Su planta era cuadran- gular y contó con tres pisos superpuestos y comunicados por una estilizada escalera: el primero estuvo ocupado por una mazmorra; el segundo tenía una chimenea; el último acogía una dilatada cámara. La escalera estaba construida en ladrillo, al igual que los suelos de los diferentes niveles o pisos. El tramo superior de la misma torre se resolvió con bóveda y sobre ella un terrado con pretil y almenas de piedra caliza. Tres serían los vanos encargados de iluminar y ventilar las dependencias interiores de la torre, uno de ellos con un parteluz o pequeño mainel marmóreo, que miraba hacia el lugar en el que se ubica el templo mayor.
Adosada a la torre se encontraba la sala principal o de aposentamiento, compuesta por una cámara y recámara con chimenea, utilizándose la parte superior, también como residencia. Detrás de ésta se disponía un gran patio y el trascorral. Entre la gran torre y la entrada principal, otro patio en el que se erigían algunas piezas dedicadas al servicio: caballerizas, pajares, establos. No olvidemos que en las proximidades se alojaban el horno, la tahona y los espacios destinados a la servidumbre y jornaleros.

La mayoría de los paramentos estaban realizados con mampostería, acogiendo, en algunos tramos, tierra reforzada con hiladas de ladrillo. Las techumbres resultarían igual de interesantes al resolverse los distintos cerramientos con madera - pino o castaño, como en las ermitas erigidas en esta época - tablas y teja, con una cubierta exterior a dos aguas.

En las proximidades de la capilla, se alzaba un portal de piedra mampuesta sobre pilares de ladrillo que conectaba con la cocina, con chimenea grande y una ventana que daba a las afueras de la población. Sobre esta cocina se dispuso otra pieza, utilizada como almacén y/o despensa.

Muchas de las poblaciones en plena época de consolidación urbanística se desarrollaron cerca o en tomo a puentes de origen antiguo, llamados según la tradición oral "romanos". La mayor parte de estas edificaciones de carácter civil no gozan de ese pasado, sino que fueron erigidas en plena Edad Media, con un aspecto actual muy alterado debido a las múltiples reparaciones que sobre ellas se practicaron entre los siglos XVI y XIX. Por esta razón presentan unas estructuras muy heterogéneas, con arcos y materiales de distinto tipo, respondiendo a las restauraciones de las diferentes épocas. Alberto Rodríguez en su obra, Las Poblaciones de la Baja Extremadura, anota que el modelo más repetido responde a un gran arco central con otros vanos u ojos menores flanqueándolo lateralmente, los contrafuertes de sección cilíndrica o prismática, la fábrica de sillería, mampostería o ladrillo en aparejo sin lucir, las proporciones varían muchísimo, aunque no llegan a superar los 40-60 metros de largo y los 5-6 de altura. No es de extrañar que en algunos encontremos restos de obras pasadas y desaparecidas: sillares pétreos, piedras armeras o escudos, etc

La relación entre la población y el puente es fuerte. En un primer momento los caseríos se desarrollaron alejados de estas obras, por el miedo a los desbordamientos en épocas de fuertes crecidas, pero se dio el caso que muchos acabaron absorbidos por las casas, fruto del crecimiento o ensanchamiento urbanístico de los últimos siglos.

La finalidad de estas piezas era importante, encargados de unir dos partes de la población, salvando un fuerte desnivel producido por el curso natural de un riachuelo. Se encargaban, también, de dar paso a las mercancías que por allí circulaban, cobrando las alcabalas o impuestos correspondientes. Lo mismo ocurría con el ganado trashumante de la Mesta que desde el centro del país llegaba hasta la Baja Extremadura: Para ello cobraban el impuesto del portazgo.

Este tipo de obras comenzó a ser frecuente en la Edad Media, justo en el momento en el que se consolidaron la mayor parte de las poblaciones bajoextremeñas.

Representativo resulta el de Valencia de las Torres, conocido popularmente con el nombre de " Puente Viejo", asentado sobre el río Matachel, a unos 10 kilómetros de la población, hacia el norte de la misma, en la finca denominada "del Castillejo". En plena cañada real. La obra consiste en una estructura de 60 metros de largo, 3 de ancho y 6 de alto, realizada en mampostería de sillarejo y cal, sobre ocho arcos de proporciones desiguales, ejecutados con lajas de pizarra - abundantes en las proximidades - y piedra. Aguas arriba presenta tajamares realizados con el mismo material y de sección triangular y por el otro costado, cuatro estribos o contrafuertes cilíndricos, también del mismo material.

Esta construcción, levantada posiblemente en época romana resulta originaria del siglo XVI, reconstruida en el siglo XVII y consolidada nuevamente en la centuria pasada. Se encuentra enclavada en los antiguos itinerarios de Córdoba y Sevilla hacia Mérida, en un marco paisajístico de incalculable belleza natural, a pesar de su difícil acceso.
"Puente Viejo" sobre el Aro Matachel